El punto de partida
FinancePro es una plataforma de finanzas para un negocio que cobra y paga en más de una moneda. No fue un encargo: se construyó para un problema propio, llevar a la vez las finanzas personales y las de una empresa que factura en dólares, gasta en pesos y opera en México.
Antes todo vivía en una planilla que se rehacía cada mes: una pestaña por cuenta, una por categoría, una de resumen y una columna de cotización actualizada a mano. Tres monedas, catorce cuentas, y una empresa cuyos movimientos había que separar de los personales fila por fila.
Lo que se rompía no era la eficiencia sino la confianza en los números. El pasado no se quedaba quieto: con una sola celda de cotización, actualizarla en agosto reescribía marzo, y eso vuelve imposible la pregunta más básica de un negocio, la de si este mes fue mejor que el anterior. El cierre llegaba bien entrado el mes siguiente, cuando la decisión que dependía de ese número ya se había tomado a ciegas. Y sin una regla escrita, un gasto de uso personal pagado con la cuenta de la empresa se resolvía distinto según el mes.
Comprar algo hecho no alcanzaba. Los agregadores personales asumen una moneda y un país, y no modelan una empresa. Las herramientas contables sí la modelan, pero son de registro: miran hacia atrás, y su multi-moneda resuelve la conversión contable, no la pregunta del negocio. Ninguna acepta la premisa de origen: que la persona y la empresa son la misma economía, y hay que poder verlas juntas y separadas sin cambiar de herramienta.
Lo que había que resolver
La moneda de la verdad. Cada movimiento queda fijado al cambio del día en que ocurrió, y ese valor no se toca nunca más. Suena obvio, pero obliga a aceptar algo incómodo: los saldos históricos dejan de sumar contra la cotización de hoy. Las alternativas se descartaron por lo que rompían. Convertir todo al cambio actual, que es lo que hacía la planilla, da saldos coherentes hoy pero destruye la comparación entre meses. Un promedio del período suaviza los saltos, pero inventa un número que no ocurrió nunca e impide reconciliar contra un extracto real. La fecha del movimiento es la única que permite auditar: cada cifra corresponde a algo que pasó. Cuando hace falta el valor de hoy, se muestra aparte y etiquetado, sin reemplazar al original.
Personal y negocio sin un tablero aparte. Duplicar la aplicación en dos modos era lo fácil, y se descartó porque la mitad de las preguntas útiles cruzan los dos mundos. La pertenencia se resolvió como regla del modelo y no como filtro de pantalla: un movimiento es de la empresa si está marcado como tal o si vive en una cuenta que la empresa posee. Al ser una sola regla, ninguna pantalla puede contradecir a otra. Encima hay un único control de ámbito, y el usuario siempre sabe qué está mirando porque hay un solo lugar donde eso se elige.
Mostrar el futuro sin prometerlo. Proyectar obliga a separar lo comprometido, lo probable y lo supuesto. La proyección se arma sobre lo ya registrado y se dibuja siempre punteada frente a las líneas sólidas del pasado: esa distinción hace el trabajo que un descargo no hace, porque nadie confunde una línea punteada con un hecho. Al lado hay un simulador donde se cambia un supuesto, un cliente que paga tarde o un gasto fijo nuevo, y se ve el efecto. Es una herramienta para pensar, no un pronóstico para creer.
La densidad. Una pantalla de finanzas tiene muchos números y se vuelve ilegible. Se resolvió en tres niveles: cuatro cifras grandes arriba que contestan «cómo vengo» de un vistazo; abajo, secciones plegables que responden una pregunta cada una y recuerdan si las dejaste abiertas; y adentro, el detalle. Lo secundario no se elimina, se pliega. Todas las secciones comparten la misma anatomía, de modo que la posición de los controles no cambia nunca.
El color que ya significa algo. En finanzas el verde y el rojo están ocupados: son ingreso y egreso. Eso obligó a sacarlos del juego para todo lo demás, así que la paleta de series se construyó sin ninguno de los dos y se validó como conjunto sobre fondo blanco para el caso más exigente, una torta donde cada porción toca a todas las otras, comprobando también su separación bajo daltonismo. Donde un número es bueno o malo según el contexto, el color nunca viaja solo: lo acompaña una palabra o un porcentaje.
Que cargar no sea una tarea. Toda herramienta de finanzas muere el día en que se deja de cargar. El formulario propone la fecha de hoy, la cuenta más usada y el cambio del día ya resuelto, sugiere la categoría según lo que se escribió, y adjunta la factura en el mismo paso leyendo sus datos.
Las decisiones de diseño
Tipografía. Una sola familia para texto e interfaz, Geist en cuatro pesos, con los títulos de interletrado ajustado. Para toda cifra, Geist Mono. Se descartó una serif de display en los títulos: daba carácter, pero peleaba con la lectura de tablas densas.
Color. Fondo de página #F6F7F9, un blanco roto levemente frío y no un gris neutro; tarjetas en blanco puro para que floten sin necesidad de sombra fuerte; tinta #0A0B0F, bordes #E1E4EA, texto secundario #6C717F. Un único acento, azul eléctrico #0A60FF, con su lavado #EBF2FF para estados activos. Semánticos: egreso #E4494C, ingreso #0D9668. Las series de gráfico van en orden fijo y nunca cíclico. Se descartó la barra lateral azul oscuro del principio: le robaba peso al único acento y hacía que todo lo demás pareciera apagado.
Los números. Es donde se jugó más detalle. Toda cifra va en tipografía monoespaciada con cifras tabulares, de modo que las columnas se alinean por posición y un monto no cambia de ancho al actualizarse. Los importes van siempre alineados a la derecha. Un negativo no se muestra entre paréntesis, como en la contabilidad clásica, porque es ilegible para quien no es contador: va con signo menos y en rojo. Y un monto en moneda extranjera se muestra en su propia moneda, grande y con su símbolo, y debajo, en cuerpo menor y color secundario, el equivalente en dólares precedido de un ≈: ese símbolo dice «esto es una aproximación de hoy» y evita que alguien lo lea como el monto real.
Espaciado y forma. Escala de 4 píxeles con saltos en 4, 8, 12, 16 y 24. Radio base de 12 píxeles, 16 en tarjetas y 8 en controles internos; todos los campos de formulario comparten un mismo radio para que ninguno parezca de otra familia. Sombra mínima: separa el borde, no la sombra.
Navegación y movimiento. Barra lateral fija con tres grupos en vez de una lista larga; se descartaron las pestañas superiores, que con nueve destinos obligaban a un menú desbordado. Del movimiento, casi nada: transiciones de color de 150 ms y el despliegue de las secciones, sin animaciones de entrada en los números, que en una herramienta que se abre veinte veces por día molestan.
El resultado
FinancePro está en uso diario desde marzo, sin interrupciones, llevando en un solo lugar tres monedas, catorce cuentas y la separación entre lo personal y lo de la empresa.
La planilla que se rehacía cada mes ya no existe. Los meses cerrados dejaron de moverse, y uno cerrado hoy vale lo mismo dentro de un año, lo que hizo posible por primera vez comparar períodos, de semanas a años, en un mismo gráfico. Si el negocio es rentable por separado dejó de depender de una revisión fila por fila y pasó a ser una regla del sistema. Y el cierre de mes dejó de ser una tarea de planilla: hoy es un reporte que se genera con sus comprobantes.