7 preguntas antes de contratar a quien te haga el sitio
Preguntá estas siete: ¿de quién es el dominio?, ¿qué pasa si mañana no trabajamos más juntos?, ¿quién escribe los textos?, ¿quién saca las fotos?, ¿en qué queda mi sitio cuando termines?, ¿cómo mido si funcionó?, y ¿qué NO incluye el presupuesto? Las respuestas a la primera y la última predicen casi todo lo demás.
1. ¿A nombre de quién queda el dominio?
Tiene que estar a tu nombre, en tu cuenta, con tu tarjeta. Si queda a nombre del que te hace el sitio, el día que se pelean o desaparece, perdés la dirección por la que te conoce todo el mundo.
Respuesta correcta: "a tu nombre, yo solo lo configuro". Cualquier otra cosa es una señal.
2. ¿Qué pasa si mañana no trabajamos más juntos?
Preguntá quién tiene los accesos, dónde vive el sitio y qué te llevás. Un sitio que solo puede tocar la persona que lo hizo no es tuyo: es una renta.
Respuesta correcta: te dan los accesos, te explican dónde está alojado, y el sitio sigue funcionando sin ellos.
3. ¿Quién escribe los textos?
Si nadie te lo aclara, la respuesta sos vos, y te vas a enterar cuando el diseño esté listo y el sitio esté en pausa esperando que escribas.
Respuesta correcta: cualquiera de las dos, dicha antes de empezar. O "los escribo yo a partir de una entrevista y vos los corregís", o "los escribís vos y yo te paso la estructura y cuánto texto entra en cada bloque". Lo que no puede pasar es que no figure: si no está en el presupuesto, el proyecto se va a frenar el día que el diseño esté listo, y la demora va a quedar de tu lado.
4. ¿Quién saca y ordena las fotos?
Igual que los textos, y con más trabajo del que parece. Curar cien fotos de obra hasta dejar las cincuenta que sirven lleva horas.
Si la respuesta es "mandame lo que tengas", preguntá qué pasa si lo que tenés no alcanza.
5. ¿En qué queda mi sitio cuando termines?
Un sitio armado sobre una herramienta cerrada muere si esa herramienta cierra o sube el precio. Uno hecho con archivos que podés llevarte a cualquier lado, no.
No hace falta que entiendas la tecnología: preguntá "si el mes que viene quiero cambiar de proveedor, ¿qué me llevo?".
6. ¿Cómo mido si funcionó?
Que el sitio se vea lindo no es una métrica. Consultas recibidas, llamadas, formularios completados: eso sí.
Respuesta correcta: te instalan medición desde el día uno y te muestran dónde mirarla. Si nadie mide, nadie puede decir que funcionó.
7. ¿Qué NO incluye el presupuesto?
Es la pregunta más útil de todas y la que menos se hace. Todo presupuesto tiene un borde; el problema es descubrirlo a mitad del proyecto. Los bordes más caros suelen ser siempre los mismos: las fotos, los textos y quién los produce.
Alguien que te contesta esto rápido y con detalle ya trabajó lo suficiente como para saber dónde se rompen los proyectos.
Preguntas frecuentes
¿Conviene pagar todo por adelantado?
No. Lo habitual es una parte al empezar y el resto contra entrega, o en etapas. Un anticipo del cien por ciento te deja sin margen para reclamar si el proyecto se estanca.
¿Y si me ofrecen un precio mucho más bajo que el resto?
Preguntá el punto 7. Casi siempre la diferencia no está en el margen: está en lo que ese presupuesto no incluye y el otro sí. Puede ser perfectamente válido, pero tenés que saber qué estás comparando.
¿Cómo verifico que los trabajos que me muestra son suyos?
Pedí dos o tres direcciones de sitios en vivo, no capturas de pantalla ni un PDF. Abrilos en el teléfono, fijate que carguen rápido y buscá el negocio en Google para ver si sigue existiendo. Y preguntá qué parte de ese proyecto hizo: en muchos trabajos el diseño, los textos y la programación son de personas distintas, y no está mal, pero tenés que saber qué te está mostrando.